Datos personales

MADRID, MADRID, Spain
Apasionado de la fotografía, escritura, música, arte, deporte, cocina, vino, pesca, caza, campo y toros. Español por los cuatro costados. Olé

miércoles, agosto 01, 2007

PESCA SALVAJE, PESCA ESCASA


Llevo tiempo dándole vueltas a esta cuestión y, como en la caza –a la que por suerte o desgracia también soy aficionado-, llego siempre al mismo punto, del que me es imposible salir. El tema no es otro que el de la pesca salvaje. Aplíquenlo también los pescadores que sean cazadores en los mismos términos y verán que lo que les voy a contar tiene su importancia. Pocos sitios quedan en España donde practicar la pesca salvaje. Veamos. Si hablamos de truchas, parece ser que hay tantos cruces genéticos, que constituye una tarea de investigación profunda averiguar de qué cuna viene la trucha común que acaba de prender nuestra cucharilla, o se ha decidido por alguna de las moscas de nuestro aparejo de buldó. De truchas arcoiris y, menos aún, de salmones no les voy a hablar, porque "no está el horno para bollos". Pero, sigamos desgranando especies piscícolas deportivas, y verán cómo el panorama está teñido de unos tintes más bien oscuros. Lucios, en franca regresión. Las causas de su declive, además de en los tan manidos descastes, apuntan a la tremenda presión de pesca a la que se ha visto sometida esta especie en los últimos años, además de no tener una regulación en materia de cupos y periodos de veda. ¿Por qué este declive? Pues porque es un pez muy deportivo, grande,... y salvaje. Es decir, que muy pocas repoblaciones de lucio ha debido haber a medio y corto plazo, y puede ser considerada una especie más entre las autóctonas, pasados ya más de 50 años desde su introducción en las aguas españolas. En cuanto al black bass, más de lo mismo. Una presión de pesca muy fuerte -puesto que su deportividad y su componente salvaje son palpables-, y ausencia de periodos de veda, hasta que ha llegado el momento de intentar recuperar las ingentes y variadas poblaciones que hicieron de España un paraíso de esta magnífica especie deportiva que, como el lucio, bien se puede considerar autóctono. No les voy a aburrir repasando la actualidad de luciopercas, siluros, carpas, barbos, minitalla y demás especies que, año tras año, van descendiendo poco a poco en sus poblaciones y, en consecuencia, en calidad. Del mar, para qué hablar. Hace poco un amigo me llamó para contarme, casi con el corazón saliéndole por la boca, la mejor pescata que había hecho en el mar desde hacía años. Miles de pequeñas doradas que se habían escapado de una piscifactoría, y cuyo destino es la pescadería. Corrió la noticia como la espuma, y medio pueblo estaba pescando en la playa como locos. Qué quieren que les diga. Esto a mí, así, no me gusta. No sólo no me gusta, sino que me disgusta mucho. Frente a este horizonte tan negro, cabe preguntarse si no compensa más ahorrar todo el dinero gastado en una temporada, y emplearlo en un viaje de ensueño. De pesca salvaje, claro. Sin embargo, parece haber signos claros de que este problema que les describo, y que a muchos no nos coge de nuevas, está siendo tratado por distintos sectores relacionados con la pesca deportiva. En este sentido, hay que felicitar efusivamente, y entre otros agentes comprometidos, a distribuidoras de pesca que se han embarcado en la gran iniciativa de crear una fundación para recuperar ecosistemas fluviales primarios, y devolverles el prestigio y la dignidad perdidos. Así como a determinadas asociaciones de pescadores que están gestionando cotos de pesca consorciados, y en los que se aprecia no sólo el inmenso esfuerzo que durante años llevan realizando, sino el mantener como premisa principal el hecho de intentar reproducir, en una masa de agua en principio deteriorada, las condiciones más cercanas a la pesca salvaje. Por último, si hablamos de medios de comunicación especializados, ha habido un cambio claro a favor de la promoción de la captura y suelta en España, así como de los viajes de pesca al extranjero en busca, para variar, de pesca salvaje. Describo ahora el punto comentado al principio de estas líneas y es que, en mi opinión, la esencia de la pesca es la lucha entre la inteligencia del pez en su medio y del pescador en un medio ajeno. Y con peces que no son salvajes, esta lucha -vital para el pescador-, está vacía de contenido. Es decir, no hay rival. Y es que, pasado el tiempo en que muchos de los que formamos parte de este colectivo, tan peculiar como desunido, he dejado de pensar en capturar muchos peces al día como signo de diversión en la pesca, y ha llegado el momento de recuperar la pesca salvaje, a sabiendas que ésta va a seguir siendo escasa, porque somos muchos y porque va a costar recuperarla. Pero aún estamos a tiempo. Merece la pena, por los peces y, sobre todo, por nosotros. Por recuperar esa digna lucha entre inteligencias.