
El Esla desemboca en el embalse de Ricobayo, en Zamora, y aquel enclave es comúnmente conocido como Puente Quintos, por el espectacular puente romano que une las dos laderas. Barbos y lucios cohabitan tanto en el río como en el embalse, y puede pescarse todo el año. Para ello, hay que llegar hasta Benavente, por la N-630, y a unos 14 kilómetros, hay un desvío que lleva a Tábara. Ello supone que el pescador aficionado a estas dos especies muy deportivas, puede llegarse a este precioso enclave, cuyo paisaje no deja de tener cierto halo misterioso. En primavera y otoño, la pesca del barbo a mosca atrae a cientos de aficionados que buscan emociones fuertes en Puente Quintos, puesto que las carreras de este poderoso ciprínido cuando se ve preso son dignas de ver y disfrutar. Ahora, en pleno invierno, la pesca del lucio depara no pocas sorpresas si se pesca con técnicas de pesca dinámicas, como son el lance ligero y la pesca a mosca. A lance ligero, los peces artificiales, los señuelos de vinilo y los spinnerbaits no deben faltar. Los colores de los señuelos han de ser de fantasía cuando las aguas del Esla se turbian, y naturales si bajan cristalinas. A mosca, las grandes moscas nadadoras de colores fuertes atraen al esócido con fuerza, y los ataques son memorables. Cerca de Puente Quintos, y de obligada visita, se encuentran las ruinas del Monasterio Cisterciense de Santa María, que data del siglo XI; así como las salinas de Villafáfila, que albergan la población de avutardas más numerosa del mundo. En la imagen, un lucio de Puente Quintos pescado con un cuchara ondulante.